del Coro de Melos
Primer capítulo de un retrato en cuatro entregas. La flauta, Milán y un conjunto nacido como trío que, cuarenta años después, toca desde Europa hasta Australia.
Milán, 1965. Giovanni Antonini nace en la ciudad en la que vive todavía hoy, y allí realiza sus estudios musicales, en la Civica Scuola di Musica. El instrumento que lo lleva a la música antigua es la flauta dulce, y la chispa llega desde un tocadiscos: las grabaciones de Frans Brüggen, el flautista holandés que en los años sesenta y setenta había devuelto la flauta de pico al rango de instrumento solista. «La flauta me cambió», ha contado Antonini a Music Paper.
Después de Milán viene el Centre de Musique Ancienne de Ginebra, donde se perfecciona en los años en que una generación de músicos europeos estaba replanteando desde cero la manera de tocar a Bach, Vivaldi y Corelli. Entretanto su ciudad ofrece ocasiones que Antonini recuerda con precisión: las citas de la temporada «Musica e poesia» en San Maurizio al Monastero Maggiore, que le dejaban, son palabras suyas, «una sensación de sorpresa y de descubrimiento».
En 1985 Il Giardino Armonico era un trío: flauta de pico y bajo continuo.
Il Giardino Armonico nace en Milán en 1985. «Nacimos como un pequeño trío: flauta de pico y bajo continuo», recuerda Antonini. Los fundadores son él a la flauta, Paolo Beschi al violonchelo y Lorenzo Ghielmi al órgano; poco después se une el laudista Luca Pianca. Desde 1989 la dirección del conjunto corresponde a Antonini, que desde entonces sube al escenario en dos papeles, director y solista de flauta dulce y de flauta travesera barroca.
El grupo crece deprisa y encuentra un sonido que en Europa se reconoce enseguida. Según Antonini, lo que distinguía a aquellos jóvenes milaneses de sus colegas holandeses y alemanes era «un marcado instinto teatral incluso en la música instrumental». El resto lo hacían los ensayos, muchos, «procurando no caer en la rutina». En cuarenta años Il Giardino Armonico no ha tenido nunca patrocinadores ni subvenciones públicas, y su director lo define como «casi un milagro».
El mapa de los conciertos se amplía de Europa a Estados Unidos y Canadá, luego a Sudamérica, Australia, Japón, Malasia. En la temporada 2025/26 el conjunto está en residencia en el Wigmore Hall de Londres. A su lado han tocado y cantado Cecilia Bartoli, Isabelle Faust, Viktoria Mullova, Giuliano Carmignola, Sol Gabetta, Sumi Jo, Emmanuel Pahud, Kristian Bezuidenhout, Katia y Marielle Labèque. Y Giovanni Sollima, que el 15 de noviembre estará en el mismo escenario.
De gira lleva consigo cinco o seis flautas, y las toca por la noche, después de los ensayos con la orquesta.
El director que hoy sube al podio de la Filarmónica de Berlín y de La Scala sigue practicando como un estudiante. De gira lleva consigo cinco o seis flautas y las toca cada noche, terminados los ensayos. Sobre el método tiene una idea nítida, que explica por qué su Vivaldi y su Haydn suenan tan vivos: «Creo que filología es una palabra de la que se abusa», ha dicho, «buscar una verdad histórica es algo inalcanzable». El estudio de las fuentes, para él, sirve para mantener abierta la música.
La segunda entrega de este retrato contará los discos que dieron a conocer a Il Giardino Armonico en el mundo, desde las Cuatro estaciones de 1994 hasta el Vivaldi Album con Cecilia Bartoli. La tercera entrará en Haydn2032, el proyecto con el que Antonini está grabando todas las sinfonías de Haydn. La cuarta subirá a los podios y a los teatros de ópera, de Berlín a Salzburgo.
El domingo 15 de noviembre Giovanni Antonini dirige a la Orchestra Notturna Clandestina en The Classical Rave Party, la velada que clausura el Romaeuropa Festival 2026 en la Sala Santa Cecilia del Auditorium Parco della Musica Ennio Morricone, en colaboración con la Accademia Nazionale di Santa Cecilia. Con él canta su hija, Angelica Antonini. Por la mañana de ese mismo día, a las 11:30, tocan los 100 Cellos. Entradas de 30 a 40 euros en TicketOne y Vivaticket.
