del Coro de Melos
Segunda entrega del retrato de Giovanni Sollima. Un violonchelista, un compositor y una orquesta que se ha dado el nombre de un teatro prohibido.
La noche del 18 de marzo de 2012 el Teatro Valle de Roma lleva nueve meses ocupado. Giovanni Sollima y Enrico Melozzi han hecho circular por la red una invitación de dos líneas: quien toque el violonchelo, que venga al Valle. Sobre el escenario donde en 1817 había nacido la Cenerentola de Rossini se presentan cien, profesionales junto a estudiantes, aficionados junto a primeros atriles de orquesta. El disco grabado aquella noche, Live at Teatro Valle Occupato, sale en abril de 2013 y reúne a Haydn, Bach, Debussy, Britten, Violoncelles, vibrez! de Sollima, un canto arbëresh, Tom Waits y Nirvana.
Es el acta de nacimiento de los 100 Cellos, y a la vez la chispa de algo más. De esa experiencia viene la idea de que una orquesta pueda vivir fuera del circuito que decide quién toca y dónde. Cuatro años después, en 2016, en Roma toma forma la Orchestra Notturna Clandestina, que toma su nombre del Teatro Clandestino de Tadeusz Kantor, el que en Cracovia, bajo la ocupación nazi, ensayaba en pisos particulares.
El 30 de abril de 2018, en el primer rave de música clásica, Sollima es el invitado de honor.
El Rave Clandestino de Música Clásica comienza a las seis de la tarde en un edificio ocupado de via di Santa Croce in Gerusalemme, el espacio de Spin Time Labs, y termina a las seis de la mañana del 1 de mayo. Treinta conciertos, miles de personas, entrada a veinte euros y acceso gratuito para quien no los tiene. En un momento de la noche Sollima dirige a doce violonchelistas de los 100 Cellos; al piano, entre otros, hay una chiquilla palermitana de doce años, Carlotta Maestrini, a la que volveremos a encontrar en estas páginas. Al año siguiente, el 30 de abril de 2019, el rave vuelve al mismo edificio y se duplica: unos cuarenta conciertos, más de cien músicos, Rai Radio 3 en directo, y de nuevo Sollima y Melozzi repartiéndose el podio.
La relación entre los dos tiene una forma curiosa, que quien los ha visto juntos reconoce enseguida. Sollima toca, Melozzi toca entre los demás y habla al público; los dos escriben para plantillas que no existen en los manuales, cien instrumentos iguales, manos de distinto nivel, una sala que tiene que aguantar doce horas. En 2014 Melozzi dedica a Sollima The Sound of the Falling Walls. Los 100 Cellos, entretanto, recorren Italia y el extranjero, desde la piazza San Carlo de Turín para MITO SettembreMusica en 2024 hasta el hipogeo de Teramo en julio de 2026, y el 16 de octubre de este año abren la temporada del Teatro Verdi de Pordenone con la misma regla del Valle: quien toque el violonchelo puede inscribirse.
La Sala Santa Cecilia, para Sollima, es casa: en la Accademia enseña desde 2010.
Luego 2020 lo apaga todo. El rave, que era la forma más frágil y más contagiosa del proyecto, se detiene, y durante seis años queda como un recuerdo compartido por quienes estuvieron. Vuelve el domingo 15 de noviembre de 2026, con otro nombre y a otra escala: The Classical Rave Party clausura el Romaeuropa Festival en la Sala Santa Cecilia del Auditorium Parco della Musica Ennio Morricone, en colaboración con la Accademia Nazionale di Santa Cecilia, por los diez años de la Orchestra Notturna Clandestina.
La jornada calca la geografía de esa historia. Se abre por la mañana con los 100 Cellos, la formación nacida en el Valle; sigue con la música de Philip Glass, el productor del primer disco de Sollima; y a las ocho de la tarde deja la sala a la orquesta, con Sollima entre los invitados junto a Niccolò Fabi, Alessandro Baricco y la Banda del Ejército Italiano. Del escenario ocupado de 2012 a la sala más grande del Parco della Musica han pasado catorce años, y los dos violonchelos que lanzaron la invitación siguen siendo los mismos.
La tercera y última entrega del retrato irá tres siglos atrás, hasta Giovanni Battista Costanzi, el violonchelista romano que Sollima ha rescatado. Entradas para el 15 de noviembre en romaeuropa.net, TicketOne y Vivaticket.
