Enrico Melozzi
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por Antida Carelli

Todavía resuena en el aire el eco de La Notte dei Serpenti 2026 en el verano de Pescara, el concierto-evento ideado y dirigido desde 2023 por el maestro Enrico Melozzi, compositor versátil de origen abruzzese, que va de la dirección musical a la producción discográfica, se mide con la escritura para el cine y es muy activo en el campo de la música ligera. El ingenio artístico de Melozzi se caracteriza por una dialéctica constante entre la tradición musical culta y la cultura popular más auténtica. El concierto-evento, repuesto a finales de septiembre en el Auditorio del Parque de L’Aquila, celebra el vínculo del maestro con su territorio, poniendo en escena las antiguas tradiciones de los Abruzos y fundiendo música y danza popular en un entramado de formas antiguas y modernas.

Esta concepción de la música como confrontación y mezcla me ha devuelto a la memoria, cuando ya miramos hacia 2027, año del bicentenario beethoveniano, el proyecto multicultural que el editor G. Thomson llevó a cabo con L. v. Beethoven, más o menos en la década que va de 1810 a 1820. El objetivo del editor escocés, que ya había encargado arreglos de canciones populares a Haydn, era preservar y difundir melodías tradicionales escocesas, irlandesas y galesas, ennoblecerlas con acompañamientos cultos y con textos poéticos de autores de primer orden.

En 1803 Thomson se dirigió al más ilustre alumno de Haydn, Beethoven, quien al principio no se mostró muy interesado en la propuesta de reelaborar canciones de la tradición en forma de cámara. Después, al explorar aquella mina de ideas nuevas, de melodías estrictamente nacionales, marcadas por los rasgos de la música de cada país, el proyecto empezó a despertar en él un interés que iba más allá de la excelente retribución del editor. Al trabajar en las armonizaciones, se dio cuenta de que aquellas melodías tenían grandes potencialidades y eran profundamente interesantes porque le permitían salir de las reglas del sistema tonal. Los rasgos de la música popular empujaron al compositor a subvertir las reglas de la armonía occidental: así, lo que había nacido como un proyecto comercial se convirtió en un campo de investigación armónica.

La historiografía oficial sostiene, en efecto, que Beethoven atravesó entre 1814 y 1817 un período de profunda crisis creativa, y es precisamente en esos años cuando se concentra la producción de estas adaptaciones de canciones populares. Beethoven era perfectamente consciente de que lo que viene de lejos, lo que es diferente, puede convertirse en savia nueva y en elemento de enriquecimiento, y quizá el aspecto más extraordinario de este proyecto sea justamente su voluntad experimental. Encontró en aquella música posibilidades de elaboración rítmica totalmente nuevas, introdujo innovaciones y desarrolló nuevas técnicas compositivas: en suma, una larga historia de preparación y experimentación, de más de una década, que conducirá derecha a las variaciones del segundo movimiento de la Sonata op. 111, a la cuarta de las Bagatelas op. 126, al Scherzo del Cuarteto op. 131.

En total Beethoven compuso unos 170 arreglos para voz, piano, violín y violonchelo de canciones populares suizas, francesas, polacas, rusas, españolas, portuguesas, danesas, suecas, húngaras e italianas, entre ellas melodías sicilianas y venecianas. En este corpus significativo, que constituye una parte nada desdeñable de su producción vocal, se esconden maravillas y novedades extraordinarias. Son obras en apariencia desenfadadas, que ofrecen la ocasión de apreciar el genio de Beethoven en un contexto nuevo, revelan toda la conciencia artística del gran músico y se escuchan con enorme placer.

Son piezas casi ignoradas por la musicología, muy íntimas, y no corresponden al mito romántico beethoveniano, el del hombre desgreñado, misántropo y en lucha contra el mundo. Pero son también composiciones que atestiguan un fascinante momento de encuentro entre cultura popular y música culta, que no son mundos separados sino voces distintas de la misma humanidad, en nombre de aquel ideal ilustrado de fraternidad que Beethoven persiguió toda su vida.

Il testo è delIl Coro di Melos di Melos
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