En octubre de 1705 el organista de la Neue Kirche de Arnstadt pide cuatro semanas de permiso. Tiene veinte años, se llama Johann Sebastian Bach, y en la solicitud motiva el viaje con una fórmula que el acta conserva: quiere ir a Lübeck para comprender esto y aquello de su arte. El consistorio se lo concede. Bach deja a un primo, Johann Ernst, para cubrir el servicio al órgano, y parte.
De Arnstadt a Lübeck hay aproximadamente cuatrocientos kilómetros de recorrido, a través de Turingia, la llanura de Magdeburgo y Mecklemburgo. Que los hiciera a pie lo escribe Johann Nikolaus Forkel en la biografía de 1802, noventa y siete años después de los hechos, y ningún documento de 1705 lo confirma. Vale la pena decirlo, porque es el detalle que todos recuerdan y es el único de la historia que no está probado. Probado está todo lo demás, y lo demás es más interesante.
En Lübeck, en la Marienkirche, estaba Dieterich Buxtehude, que tenía sesenta y ocho años y llevaba treinta y siete como organista de esa iglesia. No era un maestro de provincias: era el hombre que había inventado una forma de concierto sacro vespertino, las Abendmusiken, ejecutadas gratuitamente los domingos antes del Adviento y financiadas por los comerciantes de la ciudad. Coro, cuerdas, vientos, órgano, un público que entraba y salía de una iglesia sin liturgia. Era, en la práctica, una temporada de conciertos cincuenta años antes de que existiera la palabra.

Bach llega en la estación justa. En noviembre de 1705 se celebran las Abendmusiken ordinarias, y el 2 y el 3 de diciembre dos extraordinarias, de dimensiones que en Lübeck no se habían visto nunca: el Castrum doloris en memoria del emperador Leopoldo I, muerto en mayo, y el Templum honoris para la coronación de su hijo José I. Dos obras con orquesta, coros y maquinaria escénica dentro de una iglesia luterana. Los libretos se han conservado, la música no.
Las cuatro semanas vencen a mediados de noviembre. Bach vuelve en febrero.
El 21 de febrero de 1706 el consistorio de Arnstadt lo convoca. El acta de esa sesión es uno de los documentos más citados de la historia de la música, y conviene leerla por lo que dice de verdad, porque parece el acta de una oficina de personal, y es exactamente eso. Primer reproche: se había ausentado cuatro semanas y han pasado cuatro veces más. Bach responde que se comportó de modo que el servicio quedara cubierto y que nadie tuviera motivo de queja. El consistorio replica que el sustituto había sido aceptado con carácter provisional y por cuatro semanas, no por cuatro meses.
Segundo reproche, el que cuenta. El acta le reprocha haber introducido en el coral muchas variaciones curiosas y haber mezclado en él muchos sonidos extraños, de modo que la comunidad se había quedado confusa. La fórmula alemana dice viele wunderliche variationes y viele frembde Thone: variaciones extrañas y notas ajenas a la tonalidad. Luego llega el golpe cómico, e involuntario: le reprochan también lo contrario, es decir, que últimamente, pasado al exceso opuesto, había empezado a hacer los preludios demasiado cortos.
El retrato que sale no es el de un genio incomprendido. Es el de un joven de veinte años que vuelve de Lübeck con la cabeza llena de cosas oídas, se sienta al órgano el domingo por la mañana y empieza a hacer lo que acaba de aprender, mientras en la nave trescientas personas que tienen que ponerse a cantar ya no entienden dónde está el comienzo de la frase. Luego, cuando se lo hacen notar, lo recorta todo por despecho. El consistorio se da cuenta y también eso lo deja en acta.
Hay un tercer cargo, en una sesión posterior de noviembre de 1706, y se refiere a una mujer desconocida a la que se había hecho subir a la tribuna a cantar. Bach responde que lo había hablado con el párroco. El asunto se cierra ahí. La muchacha, con toda probabilidad, era Maria Barbara Bach, su prima segunda, con quien se casaría el 17 de octubre de 1707 y que le daría siete hijos, entre ellos Wilhelm Friedemann y Carl Philipp Emanuel.
Queda la pregunta práctica: por qué cuatro meses. Una explicación circula desde siempre, y es que Bach había ido a Lübeck también para evaluar la sucesión de Buxtehude, que a los sesenta y ocho años no podía aguantar mucho más. La sucesión, sin embargo, tenía una cláusula que en Lübeck era costumbre: quien ocupaba el puesto se casaba con la hija mayor del predecesor. El propio Buxtehude lo había hecho así en 1668. La hija se llamaba Anna Margareta y había nacido en 1675, de modo que tenía treinta años frente a los veinte de Bach. En agosto de 1703, dos años antes, habían pasado por allí por la misma razón Georg Friedrich Händel y Johann Mattheson, habían visto las condiciones y se habían vuelto a Hamburgo. Lo cuenta Mattheson en 1740, en su colección de biografías de músicos.
Bach no tomó el puesto y no se casó con ninguna de las hijas de Buxtehude. Dejó Arnstadt en junio de 1707 rumbo a Mühlhausen, con un aumento de sueldo y un suministro anual en especie que el contrato enumera partida por partida, entre ellas tres medidas de grano, dos pilas de leña y seis fanegas de carbón, para entregar delante de la puerta de casa. Buxtehude murió el 9 de mayo de 1707. El puesto de la Marienkirche fue a parar a Johann Christian Schieferdecker, que se casó con Anna Margareta el 5 de septiembre del mismo año.
