Carl Philipp Emanuel Bach. Vía Wikimedia Commons (dominio público).
Durante un siglo, quien en Europa quería aprender a tocar un instrumento de teclado partía de un solo libro: el Versuch über die wahre Art das Clavier zu spielen, el ensayo sobre el verdadero modo de tocar el teclado, publicado en Berlín en dos partes, 1753 y 1762. El autor es Carl Philipp Emanuel Bach, segundo hijo varón de Johann Sebastian, clavecinista de Federico el Grande, el mismo rey flautista para el que Quantz escribió el gemelo de este tratado, un año antes.
El Versuch hizo por el teclado lo que ningún libro había hecho: puso orden con criterio moderno en la digitación, consagrando el uso sistemático del pulgar, que todavía a principios del siglo XVIII muchos mantenían suspendido sobre las teclas como un invitado no deseado; catalogó los adornos uno por uno, con su realización escrita en notas, y aún hoy quien debe resolver un trino o una apoyatura en un texto del siglo XVIII va a consultar ahí; y dedicó páginas memorables al arte de improvisar una fantasía, es decir, al momento en que el intérprete deja de leer y empieza a hablar. Hay también dentro la frase que resume toda una estética, la del llamado estilo sensible: quien toca sin estar conmovido, escribe Emanuel, no conmoverá a nadie.
La posteridad le ha gastado la broma que conocemos: aplastado entre el padre y los nietos, se ha convertido en el Bach de en medio, el que se cita y no se interpreta. Los contemporáneos lo veían al revés. Para los vieneses de finales del siglo XVIII, Bach era él, no el padre, que entonces era un local hero por redescubrir. Haydn declaró deberle todo lo que sabía; Beethoven exigía que Czerny estudiara con el Versuch; y a Mozart la tradición le atribuye la frase definitiva: él es el padre, nosotros somos los chicos. Quien quiera saber por qué, que escuche una de sus fantasías para teclado: modulaciones que se derrumban una sobre otra, silencios repentinos, una inquietud que a mediados del siglo XVIII no tenía nombre y que el siglo XIX llamaría romanticismo.
El Versuch está en la biblioteca de Melos, en el estante de los tratados, en reproducción de la edición original berlinesa. Se lee con un placer particular: es un libro técnico escrito por un melancólico ingenioso, lleno de pullas contra los virtuosos que corren y los malos maestros. Doscientos setenta años después, las pullas siguen dando en los mismos blancos.
