Johann Joseph Fux. Vía Wikimedia Commons (dominio público).
Ningún manual, en ninguna disciplina, puede presumir de una carrera semejante: el Gradus ad Parnassum de Johann Joseph Fux, Viena, 1725, está todavía hoy, de forma directa o filtrada, en la base de cómo se enseña el contrapunto en medio mundo. Trescientos años de servicio ininterrumpido, para un libro escrito en latín por un maestro de capilla imperial que se disculpaba en el prefacio por publicar, viejo y enfermo, lo que había enseñado toda una vida.
El secreto de la longevidad está en dos invenciones didácticas. La primera es la forma: un diálogo entre un alumno, Josephus, es decir, el propio Fux, y un maestro, Aloysius, que es Palestrina en persona, el santo patrón de la polifonía que había cerrado la época de los cazadores de sonidos. El alumno se equivoca, pregunta, protesta; el maestro corrige con paciencia infinita. Es un manual escrito como una escena de teatro, y se estudia mejor porque alguien, dentro del libro, ya se está equivocando en lugar de nosotros. La segunda invención es el método de las especies: el contrapunto desmontado en cinco pasos progresivos, nota contra nota, dos contra una, cuatro contra una, síncopas, y por último el florido que las mezcla todas. Un gimnasio gradual, donde cada ejercicio añade un solo problema a la vez: pedagogía moderna, con dos siglos y medio de adelanto.
La lista de usuarios es la historia de la música. Haydn, que no pudo permitirse maestros, aprendió el contrapunto por su cuenta desgastando su ejemplar del Gradus, y con ese mismo libro enseñó luego a Beethoven; Leopold lo usó con Wolfgang; Mozart ya adulto lo usó con sus propios alumnos, y los cuadernos de ejercicios de su estudiante Attwood, corregidos de mano de Mozart según el método de Fux, todavía existen. En el siglo XX, cuando cada vanguardia tiraba por la borda a los padres, el Gradus se mantuvo a flote: incluso quien componía con los doce sonidos exigía a sus alumnos las viejas especies, porque enseñan algo que ninguna estética desgasta, el control de dos líneas que se mueven juntas sin pisarse.
El ejemplar de la biblioteca de Melos, reproducción de la edición vienesa, está en el estante de los tratados junto al Rameau publicado tres años antes: los dos libros que se repartieron el siglo XVIII, la armonía de los franceses y el contrapunto de los imperiales. Rameau explicaba cómo se construyen los acordes; Fux, cómo se conducen las voces. Las dos preguntas siguen siendo esas, y el viejo maestro de capilla sigue respondiendo.
