Enrico Melozzi
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Mozart, Rondó a la turca. Portada de audio de la fonoteca de Melos.

De los nombres de las formas musicales, rondó es el que menos gente asusta por una razón sencilla: cualquiera que haya cantado alguna vez una canción con estribillo ya lo conoce. El rondó es exactamente eso: un tema principal que vuelve, siempre igual o casi, separado por episodios distintos. Estribillo, estrofa, estribillo, otra estrofa, estribillo. En letras: A-B-A-C-A. La música pop vive dentro de él desde hace un siglo; el siglo XVIII vivió en él por entero.

El nombre viene de la poesía francesa medieval, el rondeau, que giraba en redondo; la fortuna viene de la psicología. El regreso del tema es una promesa cumplida: el oyente lo reconoce, lo espera, y el compositor juega con esa espera, retrasándolo, disfrazándolo, haciéndolo llegar en la tonalidad equivocada para luego corregirse. Por eso el rondó es casi siempre el último movimiento de una sinfonía o de un concierto: después del razonamiento y del canto, la despedida pide un tema que el público se lleve a casa. Haydn metió en él las bromas, los temas gitanos, los finales que fingen terminar; Mozart lo elevó a género con el Rondó a la turca y las páginas en las que el estribillo se convierte en un personaje que vuelve a entrar en escena siempre de buen humor; Beethoven lo cruzó con la forma sonata, generando el híbrido que los manuales llaman rondó-sonata y que es el final clásico por excelencia.

El juego de escucha que proponemos es elemental y funciona: pongan el tercer movimiento de un concierto cualquiera de Mozart y levanten un dedo cada vez que vuelva el estribillo. A la tercera vuelta se darán cuenta de que ya saben tararearlo, que es el efecto previsto por el constructor; a la cuarta se darán cuenta de que vuelve distinto, y es ahí donde empieza el arte. Luego repitan el mismo ejercicio con un éxito radiofónico cualquiera: misma arquitectura, mismo truco, misma satisfacción. Entre el rondó K. 331 y un estribillo de este verano pasan dos siglos y medio y ninguna diferencia estructural. El público no tiene que entender, lo decimos siempre; pero cuando descubre que ya había entendido desde siempre, la cara que pone es el motivo por el que existe esta sección.

Il testo è delIl Coro di Melos di Melos
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