Enrico Melozzi
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Elias Gottlob Haussmann, Retrato de Gottfried Reiche, trompetista de Bach en Leipzig, pintado entre 1726 y 1727. Vía Wikimedia Commons (dominio público).

La noche del 11 de enero de 1967 la BBC2 emite un episodio de Masterworks: la English Chamber Orchestra toca en la catedral de Guildford el Concierto de Brandeburgo n.º 2 de Bach, el que está en fa mayor, y la parte que todos esperan la toca David Mason con una trompeta pequeña, brillante y corta, que parece un juguete. Delante del televisor está Paul McCartney. Desde hace semanas los Beatles trabajan en Penny Lane, la canción sobre el barrio de Liverpool con el barbero, el banquero sin impermeable y el bombero que da lustre a su camión. Todavía falta el sonido que la haga brillar.

Seis días después, el martes 17 de enero, Mason entra en el Studio Two de Abbey Road a las siete de la tarde. Ha traído nueve trompetas. Años más tarde contará que ni siquiera sabía quiénes eran los Beatles: para él era un trabajo como cualquier otro. Se procede por tanteo y por eliminación, hasta que queda la trompeta piccolo en si bemol, una octava por encima del instrumento normal. Nadie ha escrito una parte. McCartney canta las frases que lleva en la cabeza, George Martin las transcribe a mano, Mason las prueba. Se tarda tres horas. Luego, con la cinta en marcha, dos tomas superpuestas a la base ya grabada, sobre notas que Mason recordaba como terriblemente agudas y agotadoras. Se termina a las doce y media de la noche. El pago es de 27 libras y 10 chelines (unos mil euros de hoy: en abril de aquel año un obrero inglés ganaba por término medio poco más de 20 libras a la semana, en Londres casi 22, de modo que era la paga de una semana larga).

Lo que el público de los Beatles no sabía es que el instrumento venía de Bach dos veces. La primera, esa noche, por la televisión. La segunda, más antigua, en su propio nacimiento. El Concierto de Brandeburgo n.º 2, dedicado en 1721 al margrave Christian Ludwig, confía a la trompeta una parte agudísima, pensada para un clarino barroco sin pistones y para un linaje de virtuosos que a finales del siglo XVIII ya había desaparecido. Para volver a tocarla, a caballo entre los siglos XIX y XX, el constructor belga Victor-Charles Mahillon puso a punto una trompeta aguda con pistones, hecha a propósito para las partes altas de Bach y de Händel. La trompeta piccolo es, en suma, una herramienta nacida para resolver un problema de música antigua, y en los años sesenta se estaba volviendo de uso corriente precisamente en las orquestas barrocas como la que McCartney vio en la tele.

El pop se la apropió con un gesto de coleccionista: tomar un color preciso, reconocible, y trasladarlo a otra habitación. En el solo de Penny Lane no hay ni un compás de Bach. Hay el timbre, esa luz metálica de fiesta de corte, y hay la escritura en registro sobreagudo, que a un oído educado por el rock le sonaba a algo nunca oído. Durante años se ha repetido que la cinta se aceleró para obtener esas notas. Mason siempre lo desmintió: seguía tocándolas con el instrumento, junto al disco. Volvió a Abbey Road otras veces, para A Day in the Life, Magical Mystery Tour y All You Need Is Love, y durante el resto de su vida, él que había pasado décadas en la orquesta, siguió siendo el hombre de la trompeta de Penny Lane.

El 13 de febrero de 1967 en Estados Unidos y el 17 en Gran Bretaña el sencillo sale con Strawberry Fields Forever en la otra cara. En América llega al primer puesto. Pero a las radios estadounidenses ya había llegado una primera versión, con unos compases más de trompeta al final. El 25 de enero, al rehacer la mezcla, los Beatles habían quitado ese final, y las pocas copias promocionales que lo conservan se han convertido en uno de los discos más buscados por los coleccionistas. La última palabra de Mason en Penny Lane, para quien compró el disco en la tienda, no se ha oído nunca.

Il testo è delIl Coro di Melos di Melos
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