Giacomo Puccini. Vía Wikimedia Commons (dominio público).
Giacomo Puccini fue el primer compositor de la historia que se estrelló en automóvil, y la cosa no sorprende a quien conoce al personaje: era el más moderno de los músicos italianos también en sus gastos, lanchas motoras, escopetas de caza y automóviles cuando en Italia los poseían unos pocos cientos de personas. La noche del 25 de febrero de 1903, de regreso de Lucca a su casa de Torre del Lago, su coche, conducido por el chófer, se salió de la carretera en un tramo en descenso cerca de Vignola y volcó por un terraplén.
El chófer se fracturó una pierna, el hijo Tonio y la compañera Elvira salieron bien librados; a Puccini lo encontraron debajo del coche, medio asfixiado por los vapores de la gasolina, con la tibia derecha fracturada. La convalecencia fue larga y mala: la fractura soldó mal y hubo que intervenir de nuevo, la inmovilidad duró meses, y las pruebas revelaron además una diabetes hasta entonces desconocida. El maestro cojeó el resto de su vida. Y como sobre la mesa de trabajo había una ópera japonesa casi terminada, el accidente pasó a la historia de la música por partitura interpuesta: la instrumentación de Madama Butterfly, detenida durante la mitad de 1903, se aplazó una temporada.
Lo que sigue es una de las grandes lecciones del teatro musical. El estreno, en La Scala, el 17 de febrero de 1904, fue un desastre organizado: silbidos, gritos, imitaciones de animales, una velada tan hostil que Puccini retiró la ópera tras una única función, reembolsando al teatro. Tres meses después, en Brescia, con pocos retoques, el acto largo dividido en dos y un aria más para el tenor, la misma ópera triunfó, y desde entonces no ha salido de los carteles del mundo, Nápoles incluida, este año con la dirección escénica de Özpetek. La diferencia entre el fiasco y la obra maestra inmortal: noventa días y cuatro ajustes.
Queda la pregunta maliciosa que los puccinianos se hacen desde hace un siglo: ¿cuánto del accidente entró en la ópera? Butterfly es la obra más quieta e interior de Puccini, una ópera de espera escrita por un hombre inmovilizado en un sillón durante meses. La biografía, lo hemos dicho a propósito de Debussy, no explica las notas; pero a veces proporciona las condiciones de laboratorio. Un compositor velocísimo, obligado a la lentitud, escribió su música más paciente. Después se curó, y enseguida se compró otro coche.
